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FAMILIA Y MILITANCIA

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Publicado en la edición número Dos

Desde una observación superficial, la familia aparece, en primer lugar y de un modo básico, como el lugar privilegiado de la defensa de lo privado. Todos experimentamos la familia como un lugar de calma y de reposo, de apaciguamiento y distensión, donde se esfuman los ruidos de fuera, y podemos recogernos y liberarnos de la agotadora tensión de la vida exterior y pública. De tal manera que los ancianos y todos los seres que disponen de escasa energía psíquica se encuentran a disgusto cuando no están en ‘su casa’. Se trata de nuestra casa, el lugar donde realizamos nuestro ‘nosotros’ familiar. La familia esel lugar donde todo se adivina sin necesidad de ser expresado (1).      

La familia estambién, en segundo lugar y de un modo definitivo, una forma comunitaria que tiene su origen en el azar biológico y está bañada de cotidianidad, pero tiene un potencial enorme de aventura humana. Pero la familia comunidad puede ser abierta o cerrada. Entendemos por ‘cerrada’ cuando se repliega en sí misma y sus miembros  están unidos básicamente por intereses materiales de consumo y donde se tratan entre ellos como individuos (2) y no como personas (3), es decir, no establecen entre ellos lazos de intimidad o amistad. En cambio, en la familia ‘abierta’ ocurre todo lo contrario: se construye la familia a imagen de la persona. Es una persona de personas. Una comunidad dirigida hacia la realización mutua de cada uno (4).

 

¿Cuáles son los rasgos característicos de la familia abierta?

1. Una familia en donde cada uno de sus componentes descubre a los demás como personas, es decir como un fin en sí. En la familia se trata a las demás personas como un tú y no como una cosa (5). Esto permite el encuentro como realización de la unión, lo que genera la comunidad, pues trato a la otra persona como libertad y no como naturaleza, reconociendo en ella que es fuente para mi propia existencia.

2. Una familia encarnada en una realidad. Tiene unas funciones biológicas e implica un marco social determinado. El ser humano no puede extender y desarrollar su personalidad si no se pone al servicio de una causa que lo supere. Las personas no se desarrollan tejiendo unas relaciones inter-individuales, sino manteniendo unas relaciones mutuas en el seno de una realidad, en el marco de una causa transpersonal. Y la primera de estas causas es la familia. La causa no es personal, sino supra-personal, es decir, un cierto tipo de unidad que reúne una pluralidad de personas en el seno de una vida común.

3. La familia abierta esta al servicio de las personas y de su vocación. Pretende la realización mutua de cada miembro de la unidad familiar, para que cada persona pueda cumplir su vocación. La persona no es una realidad ya totalmente hecha, sino un deber ser. La persona es persona en la medida en que es consciente de la orquestación universal en que se inserta su papel individual. La etimología nos recuerda que la persona es ese personaje que representa un papel, cumple una función. La vocación consiste en desempeñar un papel individual en el drama universal. Constituye, pues, el ser mismo de la persona. El universo material y espiritual no son una mera yuxtaposición de partes, sino una verdadera conexión en la que cada cual ocupa su lugar y desempeña su función. La persona y el mundo están en devenir. En su esencia el universo está inconcluso caminando hacia su Centro Absoluto. Ser una persona es tener conciencia del drama cósmico y participar en él desempeñando el papel eficaz al que cada persona ha sido llamada. Por esto afirmamos con Lacroix que "la idea que mejor nos permite penetrar hasta el centro misterioso de la persona es la de la vocación. No existe sino la vocación personal. Ser persona es responder al Amor que me ha llamado primero"(6).

4. La familia debe procurar que cada miembro llegue al máximo de iniciativa, de responsabilidad y de vida espiritual.La persona es una realidad material y, por ello, mundana. Pero al mismo tiempo se percibe entre las cosas que le rodean, se sabe trascendente a las mismas. Mientras los animales se relacionan sólo con el medio que les sirve para satisfacer sus instintos vitales, la persona dispone de sí ante todo lo que le rodea. El animal irracional no tiene tiempo, pues no tiene conciencia de sí mismo, por esto no puede disponer de sí mismo en el devenir histórico, mientras que, como dice M. Moreno Villa, "la persona puede adaptarse al tiempo, medirlo, conocerlo, proyectar de nuevo, trabajar, producir, inventar, ya que puede enfrentarse al tiempo activamente y no sólo sufrirlo"(7).

5. La familia abierta es superior a la suma de los intereses individuales. Busca el bien de la comunidad formada por las personas que la componen y no el capricho de los intereses individuales. En la vida familiar, la ley del amor posibilita la participación y la comunicación, no la servidumbre y la dominación. La familia personaliza cuando el amor es principio de comunión en la construcción de las personas, en la intercomunicación mediante actitudes: de gratuidad, de constante comprensión y tolerancia, de respeto en su singularidad, promoviendo una actitud democrática frente al autoritarismo; igualitaria frente al machismo; corresponsable frente a la irresponsabilidad desequilibrante y destructora.

6. La familia abierta se construye con las actitudes de acogida y donación. Está llamada a  romper con todo egoísmo personal y familiar. Acoger significa abrirse a la otra persona para recibirla dentro de sí, con la incomodidad que ello pueda suponer y con la hermosa sorpresa y maravilla que conlleve. En el fondo es ejercitar la dimensión femenina de la persona que nos habita. La acogida es constitutiva de la persona. Como dice Pierre de Locht: "En un mundo basado cada vez más en la competitividad, donde el otro se ve a menudo como una amenaza, es capital seguir creyendo, con realismo y lucidez, en el otro. Una persona no se despliega realmente más que cuando se atreve a confiar, cuando se descubre que la acogida no es cuestión de generosidad, sino de verdad, indispensable para existir en relación. Nos construimos en la acogida"(8).

 

¿Cuáles son los frutos de la familia abierta?

A) Quien tenga la suerte de vivir en una familia abierta, irá descubriendo que su propia persona se va transfigurando y que su familia será fecunda social y biológicamente.

B) Surgirá una militancia familiar hacia adentro, ayudando al crecimiento de los demás miembros de la familia, pero también hacia fuera, ayudando a otras familias,  a la sociedad.

C) Se aprenderá un tipo nuevo de relación que es fruto del amor mutuo. Pero quererse no es estar bien juntos. Se trata más bien de una comunidad de personas que no busca tanto su propia felicidad cuanto ir a más juntos. La participación en el desarrollo social desde la familia se encauza a través del sistema de valores, donde se cultiven el don de sí mismo, el sentido de la verdadera justicia y del auténtico amor, formación-información de personas críticas, dialogantes, con sentido de justicia, tolerancia y solidaridad.

D) Se descubrirá la importancia de la fidelidad en las relaciones personales  comunitarias. No se trata de una fidelidad entendida como ‘seguridad’, sino como duración necesaria para crear comunidad.

 

¿De qué manera la familia abierta ayuda a la militancia?

En la familia abierta aprendemos a vivir en comunidad, pues es el medio mejor para la formación de la persona. ¿De qué manera? Gracias a la comunicación que es la experiencia fundamental de la familia. La comunicación nos descentra, purifica a la persona del individuo que hay en ella y nos abre a las demás personas. Y, gracias  a la comunicación,  las podemos comprender, compartir su destino, su alegría y su dolor; permite darnos con generosidad y gratuidad; y, finalmente, ser fieles a las otras personas no con monotonía sino con creatividad.

En la familia abierta la persona es catapultada más allá de sí misma hacia las demás personas para comprometerse con ellas. Por eso la familia que quiere ser abierta no debe ahogar a sus miembros acaparándolos. Son de la familia pero no para la familia.

Dentro de la familia que quiere ser abierta existen diversas relaciones:

a) de la pareja, donde hombre y mujer, en función de su mutua implicación sexuada se unen y abren para su acabamiento en un tercero que es el hijo. En esta relación lo afectivo y lo sexual van unidos. El amor es un trabajo para toda la vida. Y en cuanto a la militancia, el cónyuge puede ser un obstáculo o una catapulta para la acción y el compromiso;

b) de los padres e hijos, donde es imprescindible crecer rodeados de cariño. Los niños progresan del apego total al progresivo despegue. Se trata de que no haya ni excesivo mimo ni exceso de despego. De encontrar el camino medio entre el autoritarismo y la permisividad. Una educación con autoridad pero sin autoritarismo. Los niños no son de los padres, que los educan para que ellos sean suyos, proponiéndoles unos ideales y unos valores. Los niños son un reflejo de cómo les han tratado sus padres: si le han apoyado, si han confiado en él, el niño tendrá solidez interna, confianza en sí. Si no se han ocupado de él, le faltará experiencia de comunidad. Los padres influyen también en sus hijos por la mera presencia, en función de sus conductas y reacciones. Los niños hacen lo que ven en casa, imitan comportamientos. Pero lo que más influye es cómo se tratan los padres entre ellos, cómo se quieren. La familia será reflejo de lo que sean los padres como pareja. Una pareja militante dará lugar a militancia en los hijos; y, finalmente,

c) relaciones fraternales, que supone el aprendizaje de vivir entre iguales. En la familia abierta se aprende a actuar no desde la reivindicación sino desde la generosidad.