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Mundos Posibles y Memoria de lo Humano. Desgaires Pedagógicos en la Actual Tensión Presente-Porvenir

Publicado en la edición número Cuatro

Los albores del siglo XXI han sido determinados por una vorágine de fenómenos sociohistóricos que han contribuido a la constitución de nuevos referentes comprensivos de lo humano, de sus configuraciones comunitarias y de las revisiones teleológicas que urden la pregunta por el sentido. La realidad educativa no ha sido ajena a este dinamismo que exige actitudes reflexivas ante la historia, sus acontecimientos, actores y autores.

Intentar el trazo del porvenir no fijado a modo de  planos de probabilidad afianzados desde las inspiraciones de la estocástica, evita el mero análisis presencialista que puede simplificarse por la descripción de hechos o la apelación romántica del buen vivir. Es de alguna manera la consideración por la pregunta futurista, el qué viene luego.

No obstante, tales cuestionamientos pueden dar lugar a ciertas tensiones conceptuales propias de las ciencias humanas de la contemporaneidad, a saber, las referidas al tiempo como sucesión lineal de hechos (capacidad del presente frente a las alternativas del futuro), o las vinculadas a los azares sociales (rutas de las configuraciones humanas en los diversos contextos).

 

1. Un cambio de época

Desde distintas posturas conceptuales de las ciencias humanas se ha insistido, en los últimos años, en las variantes que están incidiendo en un nuevo tipo de hombre y de sociedad. Se trata de un paradigma emergente que exige no sólo consideración de las disciplinas sino saberes prácticos que lo afronten.

Desde algunos planteamientos contemporáneos, el regreso de los expulsados se supone fruto de una globalización re-significada no sólo desde el plano de la mercantilización de bienes y servicios sino como extensión de oportunidades a las instancias periféricas de los pueblos. De manera especial, el conocimiento es considerado como el nuevo capital, el nuevo generador de riqueza y, por ende, el motivo de la producción y segregación en el siglo naciente.

A su vez, este cambio de época logra una descripción conveniente en  Jaussi y Luna, al decir: “La sociedad está cambiando, se está transformando de sociedad industrial a sociedad de la información; la economía se ha globalizado, están aumentando las desigualdades sociales entre distintas regiones del planeta y dentro de las mismas. Los cambios están afectando a todos los ámbitos, no sólo al económico: cambios en el terreno político, laboral, social e individual. El ámbito educativo también se está viendo afectado: se hace más difícil que personas de medio social más desfavorecido accedan a estudios superiores; el fracaso y el abandono escolar afectan de forma alarmante a las personas de estos medios y a las pertenecientes a minorías étnicas o culturales” (Jaussi y Luna, 2002).

Podemos afirmar, entonces, que el cambio epocal ejerce atracción sobre las acciones humanas pues éstas se encarnan en la historia mientras que la época, por su parte, exige respuesta vitalizada desde los modos de participación en las esferas públicas-democráticas de estos ciudadanos. Los factores que pueden sintetizar una transformación en las diversas esferas humanas implican cierta perspectiva del mundo, un modo proactivo hacia la acción generadora de ámbitos humanógenos y una  remoción de criterios analíticos sobre la forma de comprender la realidad.  Tales factores, sobre los que decimos se patentiza el cambio de época, son - entre otros - los siguientes (Mayor Zaragoza, 2000):

 

A. Los desafíos medioambientales

La acción depredadora del hombre ha ido llevando al agotamiento de los recursos naturales. Los estudiosos de la sustentabilidad y el desarrollo ambiental plantean el concepto de “huella ecológica” como rescate de una naturaleza agonizante en un mundo que se ufana de la super-producción a favor de un supuesto mejoramiento de la calidad de vida.  Se ha planteado que la humanidad está ahora consumiendo sobre un 20% más de lo que la tierra puede producir lo cual indica que cuando el planeta no pueda cumplir su función como morada de la vida humana tampoco habrá lugar a las proyecciones futuristas de eras atómicas, espaciales o energéticas. Identificar consumo con plenitud es un signo de auto-destrucción.

B. Los desafíos socioeconómicos

Se expresan en el crecimiento desaforado de la exclusión social, el auge de la aporofobia y la lógica dominante del capitalismo globalizado que acentúa las desigualdades. La era pos-industrial ha centrado su esfuerzo en la generación del capital financiero por la producción; ahora, con la expectativa de la mercantilización del saber, se apreciarán brechas por motivos noológicos que harán inalcanzables los adelantos para el común de los mortales.

A este propósito, las eras del futuro que plantean autores como Molitor, en tanto expectativa del crecimiento económico en las próximas centurias, fácilmente anticipan su campo de acción para una élite. La sola presentación teórico-especulativa no representa los esfuerzos ni las preexistencias tecnológicas ni las posibilidades de realización de la totalidad de los pueblos y sus habitantes, menos si son del “último mundo” (1). Mantiene actividad el señalamiento de Petrella (2004) sobre “el retorno del reino de la desigualdad”, más aún y en atención a las expresiones mismas de los ajustes estructurales en los diversos contextos; es como un eterno retorno de marginaciones y olvidos. El mismo Petrella lo confirma: “Solamente tiene valor el conocimiento homologado por las normas y los estándares de la triunfante economía capitalista de mercado”. Bastará cambiar el modelo económico “capitalista de mercado” por el imperativo que corresponda según la ocasión, sea era atómica, espacial, de mega-materiales o cualquier otra.

C. Los desafíos culturales

Tienen su manifestación en algunos fenómenos de los últimos años como el facilismo, el “pensamiento débil” y el olvido de los elementos específicos de la cultura (arte, literatura, cine, símbolos, etc.). Es un campo que necesita redescubrirse para el despliegue de las potencialidades inéditas en la configuración humana de esta hora incluyendo los desafíos propios de la integración de lo diverso, la ciudadanía planetaria y la construcción permanente de lo local.

Algunos autores creen que la primera hora del siglo XXI es la era del tiempo libre. Desde tal perspectiva, ésta puede constituir una ocasión para el reencantamiento de la intelectualidad y la formación cultural pues el ocio también es tiempo para la sabiduría (2). Este ejercicio de incorporación cultural requiere opciones de los sujetos a partir de sus reflexiones críticas y discernimientos lúcidos ante pseudo-distractores ofrecidos por la industria de la recreación. ¿Cuáles son las tareas (3) realmente urgentes por hacer? En ellas habrá que invertir el tiempo libre.

D. Los desafíos éticos

Parten de la vulgarización que ha sufrido el concepto de persona y las teorizaciones esterilizadas de los Derechos Humanos, muchas veces a cargo de las Organizaciones que deben hacerlos valer.  “El ser humano del tercer milenio también deberá desarrollar competencias ciudadanas que le permitan descifrar la solidaridad con su especie. Es la posibilidad de valorar al hombre aún desconocido. Cambia, entonces, la impersonalidad indiferente  por el sentimiento común de humanidad solícito al símbolo ciudadano cuyo fundamento será la ‘sobria confianza’, esa posibilidad de relacionarme con el otro como extraño”. (Argüello, 2005).

Las fatalidades que ha causado el terrorismo de estado, los fundamentalismos de cualquier orden, la delincuencia organizada o callejera y cualquier forma de vulneración de la integridad de las personas, explican el clamor actual por  la seguridad de vida para todos como verdadera riqueza del mundo junto a otras ideas como “el valor de lo transitorio” y “el tiempo de la incertidumbre generalizada”. Las teorías sociales más recientes también han aportado reflexiones en un sentido similar tales como la “sociedad del riesgo” de U. Beck y la “transformación estructural en las relaciones” de M. Castells, entre otras.

Pero este panorama descriptivo, a través de los desafíos más imperiosos hoy, pide un ordenamiento de la experiencia humana hacia alternativas pertinentes de personalización y socialización en los diversos contextos. Se tratará de considerar esto en las siguientes líneas desde la idea de los contratos mundiales y la globalización alternativa.

 

2. Hacia la búsqueda de una estrategia: La teoría de los contratos

Una aproximación a los desafíos, productos del cambio de época, puede tratarse desde la teoría de los contratos referida por R. Petrella como “contrato social mundial” definido y puesto en práctica a través de cuatro contratos mayores, a saber:

•        El contrato del tener

•        El contrato cultural

•        El contrato democrático

•        El contrato de la Tierra

Se puede establecer una relación directa de estos contratos mayores con las realidades interpelantes descritas en el apartado anterior: ante los desafíos socioeconómicos, el contrato del tener; ante los desafíos culturales propiamente dichos, el contrato cultural; ante los desafíos éticos, el contrato democrático; y, ante los desafíos ambientales, el contrato de la tierra.

La idea de “contrato”, de origen jurídico, se utiliza aquí como un instrumento regulador ante determinadas asimetrías de un sistema, que sirve como estrategia paliativa y correctiva de los conflictos para favorecer un plan de desarrollo regentado por  instituciones económicas, culturales, políticas o ambientales, según corresponda. Además, al imaginario de “contrato” subyace el sentido de pacto o acuerdo sobre asuntos que necesitan ser resueltos hacia propósitos comunes de los interactuantes.

Los contratos mayores son agenciados por hombres libres. Por lo tanto, hay que contar con el requisito fundamental de unas personas que deliberan y toman decisiones. Ante esto, se debe replantear el asunto del eclipse de lo humano implícito en los extremos avances de la ciencia y la técnica desde categorías como finitud creadora (4) o, al decir de Mounier, optimismo trágico (5).

La teoría del contrato social mundial debe tener su lugar en las construcciones conceptuales que inspiran los programas de gobierno, los proyectos de las organizaciones que trabajan por la paz, las luchas por una sociedad más justa y, en general, cuantos buscan dar contenido a las acciones multiformes al servicio de la humanidad.

 

3. Una globalización alternativa desde el plano doméstico

La estrategia de la teoría de los contratos frente a los desafíos de la sociedad cambiante actual debe articularse con el esfuerzo por una globalización alternativa que regenere el tejido humano de las sociedades. Para ello, se hace imprescindible considerar los trabajos que se llevan a cabo, desde diversas organizaciones, por la recuperación de la persona ante las turbulencias del tercer milenio (6).

El desarrollo de la globalización alternativa se realiza desde la acción de los movimientos que reivindican el carácter de la persona ante las variadas hegemonías de la época, particularmente las que corresponden a la globalización corporativa del neoliberalismo cuyas consecuencias más notorias fueron descritas por Xares (2005) como precarización del trabajo, cultura de la incertidumbre, progresivo aumento de la exclusión social, aumento vertiginoso de la deuda externa, aumento de la pobreza, ensanchamiento de la fractura Norte-Sur, paulatino retroceso de la ayuda al desarrollo y el debilitamiento de la democracia. 

Tales movimientos alternativos son los traductores y mediadores de la teoría del contrato social mundial. Si este último se ubica en el plano de la configuración de los sistemas, aquéllos son los encargados directos de realizarla. Este plano doméstico de implementación del orden prosopocéntrico es la hora singular de las bases.

Desde esta perspectiva, “los movimientos ciudadanos buscan muchas cosas que los globalistas corporativos dicen ofrecer pero que, de hecho, no consiguen dar: la participación democrática, unas economías de empresa que ofrezcan buenos empleos y respondan a las auténticas necesidades y preferencias de sus clientes, un medio ambiente sano y el final de la pobreza (…). Los movimientos ciudadanos miden el progreso con indicadores sobre el bienestar de las personas y de la naturaleza, con un interés especial por la vida de los más necesitados” (Foro Internacional sobre Globalización, 2002).

Para intentar mayor precisión, podríamos referirnos aquí al plano educativo al cual se le exige un posicionamiento clave frente a su responsabilidad pública y un papel protagónico en la transformación de los esquemas desiguales y antagónicos. ¿Qué tipo de educadores para qué tipo de globalización? ¿Qué educación para cuál mundo? ¿De qué manera incorporar adecuadamente la dimensión tecnológica en las políticas educativas democráticas?

Ante todos estos problemas y nuevos retos es necesario reformar las escuelas no por decreto, como parece ser la aspiración de ciertas políticas de Estado, sino haciendo posible la alternativa en el pedazo de realidad que es el cotidiano escolar sobre el cual existe control; aquello que está realmente al alcance de los trabajadores culturales. El oikós transfigurado es el mundo de la vida discernido y promovido desde los filtros de la alternatividad de la historia con sus personajes, subjetividades, creencias, valoraciones y prácticas humanas. 

 

Corolario

El panorama del futuro hace rescatar el invaluable fundamento de lo específicamente humano. ¿Qué tan certera es la pretendida omnisciencia del hombre contemporáneo? La primacía de la ultraminiaturización de las cosas, la aventura cósmica, el control de la vida orgánica desde su génesis, las formas audaces de producción de energía y, en general, la loca carrera por las conquistas más desaforadas de los arcanos del mundo, ¿son posibilidad u olvido de la comprensión del hombre como persona? Así, un reto se hace claro ante el dilema: o el hombre humaniza sus propios avances o éstos terminarán deshumanizando a su propio fabricador.   

En suma, la formación en las competencias societales, como ejercitación de la naturaleza pública de la escuela, constituye un camino posible para la responsabilización histórica del humano contemporáneo frente a su cada vez más incierto porvenir. La idea del hombre-depredador de su futuro debe superarse por la construcción  armónica de un presente re-creado.